De trapos y siliconas, GABRIELA CAÑAS

Se impone el culto al cuerpo y las mujeres adoptan la imagen hipersexuada que se espera de ellas ante las dificultades de hallar su sitio en una sociedad desequilibrada por el peso del dinero y los valores masculinos

Es una lástima que las mujeres no hayan adoptado una corta variedad de uniformes como han hecho los hombres para poder evitar toda la carga ideológica que pesa todavía sobre la indumentaria femenina. El asunto es de tal envergadura que el intento de prohibir una prenda femenina, el velo integral, ha producido en los últimos meses un largo y enconado debate en el que han participado tan activamente los hombres como las mujeres (un fenómeno secundario a estudiar).

En ese encendido y apasionante debate se han utilizado sistemáticamente dos conceptos: la defensa de la dignidad de la mujer y la incoherencia de las sociedades de cultura occidental, dispuestas a perseguir a la que se tapa en exceso y a tolerar a la que hace justamente lo contrario.

Sobre la dignidad de la mujer se han manifestado hasta los imanes más radicales para justificar, eso sí, la libre opción de vestir el hábito. Sobre la incoherencia occidental, sin embargo, se ha preferido correr un velo casi tan tupido como el del burka. Es verdad que no se trataba del asunto principal, sino, quizá, de una tosca trampa para desviar la cuestión. Pero también es cierto que somos muchos y muchas los que observamos con perplejidad y preocupación múltiples detalles sobre el atuendo y el comportamiento público de las mujeres como probable prueba de que asistimos a una cierta parálisis en la batalla por la liberación femenina.

Los ejemplos son abundantes y todos ellos vienen a confirmar la evidencia de que la mujer occidental es esclava de su cuerpo y del estereotipo hipersexuado que se le exige y que tal esclavitud hunde sus raíces en los mismos prejuicios de los que defienden el velo integral. El denominador común de ambas culturas es el cuerpo de la mujer como objeto de deseo masculino que debe ser ocultado a los demás o, por el contrario, exhibido como tal para deleite del gusto varonil.

Mientras las adolescentes se visten con procacidad de lolitas el sábado por la noche y algunas coquetean con la anorexia, sus amigos las catalogan con lenguaje tabernario en función de sus actitudes respecto al sexo. Las cantantes de moda se contonean ligeras de ropa invitando al sexo explícito a hombres mucho más vestidos. Las actrices tallan sus cuerpos a golpe de dieta y bisturí. Las modelos se garantizan un mayor impacto si aprovechan la pasarela para enseñar algo más íntimo que la ropa y las profesionales de éxito cumplen sus jornadas laborales sobre incómodos tacones que les rompen la espalda pero que son el paradigma de la elegancia y la feminidad.

Martha Nussbaum, profesora de Teología en la Universidad de Chicago, recordaba en un artículo publicado recientemente en el New York Times que al burka se le ha considerado una “prisión degradante” y se preguntaba: “¿Y qué hay respecto a la prisión degradante de la cirugía estética?”. Quizá parezca una comparación exagerada, pero me temo que hay pocas mujeres en esta sociedad de consumo que no sientan como una losa la enorme presión social que pesa sobre su imagen, que no perciban como una carga añadida a sus dobles jornadas laborales la esclavitud del cuerpo. El resultado es que la mayoría se entrega con denuedo a una loca carrera contra los estragos del tiempo y de la propia naturaleza, luchando permanentemente contra los depósitos de grasa (que suelen estar donde naturalmente deben), contra el envejecimiento, contra la flacidez y contra las canas, por citar solo algunas de las batallas que se libran sin desmayo y que pasan, claro, por unas prendas de vestir que hay que renovar permanentemente y que jamás son las más adecuadas para la vida activa que la gran mayoría desarrolla.

Diversos estudios sociológicos señalan que las mujeres que han alcanzado un cierto estatus profesional son justamente las que más cuidan su aspecto físico y no las desempleadas, que dispondrían de más tiempo para ello. Ello es así, entre otras consideraciones, porque el aspecto físico adecuado es casi indispensable para que una mujer logre el éxito social. Los medios de comunicación, sistemáticamente controlados por los hombres, son los que fijan los estereotipos de nuestro tiempo. Hacer un mero repaso de las caras más cotidianas que aparecen en la pequeña pantalla bastaría para corroborar ese sólido vínculo entre el éxito y la imagen. Un extraterrestre recién llegado a este mundo concluiría de manera inmediata viendo solo la televisión que los hombres son seres de una gran variedad antropomórfica y generosa longevidad mientras que las mujeres son criaturas gráciles y muy pigmentados de mortalidad prematura, puesto que rara vez superan la cuarentena.

Desgraciadamente, la foto fija que ofrecemos a esos niños que, como los extraterrestres, llevan poco tiempo con nosotros manifiesta todas las desigualdades reales. El talento de las mujeres, que ya nadie discute tras cotejar año tras año resultados académicos, es un valor todavía relativo e incompleto. Raramente una cantante se abrirá paso en el mundo del espectáculo si se limita a componer bellas piezas e interpretarlas con acierto. Solo una imagen sugestiva la convertirá en una estrella. Así hemos generado un mundo de esquizoides en el que se invita a las adolescentes a estudiar como leonas y vestir como panteras. Porque se sabe que, de otro modo, la fortuna les será más esquiva.

A finales de junio, la prensa celebró la elección de Julia Gillard como primera ministra australiana. Era la primera vez en la historia que el Ejecutivo de este país lo iba a presidir una mujer que, tras los ajustados resultados electorales del fin de semana, podría no durar mucho en el cargo. Y es que el resultado global arroja una realidad tozuda y exasperante: siete primeras ministras y 10 jefas de Estado en todo el mundo. O sea, el mismo número récord que ya se alcanzó en 1995 y que, desde entonces, no había hecho más que declinar.

En la última década, el avance de las conquistas femeninas (sin duda, enorme) se ha ralentizado, cuando no estancado, en una sociedad dominada por ese neomachismo sobre el que ha teorizado Amparo Rubiales que impone sus reglas sutilmente; tanto, por cierto, que una teme ser tachada de puritana por criticar la impúdica explotación del cuerpo femenino. Los europeos ganan un 15% más que las europeas y, según la Comisión, no hay indicios de que tal brecha se vaya a recortar. Los consejos de administración siguen siendo coto vedado a las mujeres y no hay cuotas que valgan en los mercados, que, como la crisis ha demostrado, son los que mandan.

Se diría que las mujeres, agotadas de tanta batalla estéril, se hubieran aliado con el enemigo ante la imposibilidad de vencerlo. El feminismo clásico no tiene el glamour que exigen los tiempos. Clamar contra las diferencias salariales o la trata de mujeres es como pedir el fin del hambre en el mundo; carece de atractivo para los medios de masas. Estos, en lo que a asuntos femeninos se refiere, prefieren la imagen estereotipada de las mujeres a la cual muchas han decidido plegarse.

Repase el curso que hemos cerrado. Los hombres han “hecho historia” en todos los ámbitos. El mundo se ha volcado con los toreros, los actores, los futbolistas, los tenistas, los políticos, los gurús de las nuevas tecnologías, los empresarios, los ciclistas… Solo ellos parecen poder optar por una gran variedad de profesiones y solo ellos parecen disfrutar del monopolio de representar a sus países con lágrimas en los ojos y la mano en el corazón.

Para que los medios dediquen amplios y positivos espacios a una mujer, lo mejor es emular a Lady Gaga con sus procaces videoclips, su pasión por los modelos estrafalarios y su música disco. Ella no solo se pliega al estereotipo; lo convierte en oro. Para zanjar los bulos sobre los supuestos celos de Madonna hacia la nueva favorita (la rivalidad femenina es un viejo estereotipo vigente), ambas simularon una erótica pelea de gatas en un programa de televisión. Y hacen caja.

Vivimos tiempos que han encontrado nuevas formas de sacralizar los valores masculinos. Tiempos en los que persiste el desequilibrio por el peso del poder, el dinero y la testosterona y en el que las mujeres, más formadas que nunca, están demostrando afrontar serias dificultades para encontrar su sitio.

24/08/2010

El reformismo de hoy

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JOSÉ BLANCO 13/07/2010

Se puede decir que en el código genético de la socialdemocracia se encontraba el reformismo. De hecho, inició su singladura, hace ya más de un siglo, cuestionando el dogma dominante entre aquellos que conformaban el movimiento obrero y aceptando lo que hasta entonces había sido su mayor enemigo: el capitalismo.

La socialdemocracia apostó por reforma frente a revolución. Y lo hizo porque adquirió la conciencia de que a través de la reforma del capitalismo se podían alinear los beneficios del mercado con la equidad y el progreso social. Desde entonces, esa visión, que posteriormente dio lugar a la economía social de mercado, ha aportado décadas de gran prosperidad a toda Europa y un amplio espacio para la consecución de grandes conquistas sociales.

Esta combinación de actitud crítica y reforma nos ha de acompañar siempre, porque siempre será necesaria para el progreso de las sociedades.

Y lo es porque la sociedad está en continuo proceso de transformación: el poder económico se desplaza a oriente, las nuevas tecnologías alteran las viejas estructuras empresariales, el desafío del cambio climático condiciona el uso de la energía y el envejecimiento de la población nos obliga a replantear el sistema de pensiones para garantizar la sostenibilidad del Estado de bienestar.

Y por si fuera poco, esta crisis tan profunda, tan compleja, tan cambiante, sin ser la causa de las reformas, sí que se ha convertido en un síntoma que ha puesto luz a la necesidad de corregir nuestros desequilibrios.

Una necesidad de cambio profundo que exige el espíritu reformista que ha demostrado el Partido Socialista desde el principio de nuestra democracia.

Porque fueron cambios profundos la implantación del Estado de bienestar, con la universalización de la educación, la sanidad y las pensiones. O la incorporación a Europa y la reconversión industrial, que acometieron los Gobiernos de Felipe González.

Y también lo han sido, en el campo de los derechos de ciudadanía con más nitidez, pero también en el campo económico, las transformaciones llevadas a cabo por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Basta señalar reformas globales que atañen a la base del modelo de crecimiento como la Ley de Economía Sostenible, y sectoriales, como la reforma de la Ley del Suelo, la reestructuración del sistema financiero, en especial de nuestras cajas de ahorro, o como las que se están desarrollando referidas al sistema aeroportuario y portuario.

Esta agenda de cambio contrasta con lo que hicieron los Gobiernos presididos por Aznar. Aquellos Gobiernos básicamente se limitaron a rematar el proceso de consolidación fiscal que había iniciado el ministro Solbes en1993 y para ello acometieron un proceso de privatizaciones, sin una regulación que fomentase la competencia, haciendo que la esencia de la transformación empresarial de aquel Gobierno fuese privatizar, sin liberalizar.

Más allá de este proceso hay muy poco que añadir a sus reformas.

En realidad, el gran legado del Gobierno conservador fue implantar una ley del suelo que contribuyó a alimentar una burbuja inmobiliaria, a la que bautizaron como milagro económico; considerar unos ingresos fiscales coyunturales como estructurales y gestionar una coyuntura irrepetible, caracterizada por una generosa entrada de fondos europeos, bajos tipos de interés y abundante fuerza laboral inmigrante de bajo coste.

Esa fue la herencia recibida del Partido Popular: una economía de apariencia saludable, con cifras positivas de crecimiento, pero que había agudizado hasta el extremo sus desequilibrios y debilidades estructurales.

Cuando llegó José Luis Rodríguez Zapatero al poder trató de corregir este legado económico con una intensa apuesta por capitalizar nuestra economía, triplicando la inversión pública en Investigación y Desarrollo y duplicando el gasto en educación y en modernizar nuestras infraestructuras de transporte.

Además de las políticas de inversión, se abordaron cambios regulatorios esenciales, como la reforma del sistema de defensa de la competencia, o la liberalización en el sector servicios que estamos llevando a cabo.

Y ahora es el momento de emplear toda esta capacidad reformista para resolver los grandes desequilibrios estructurales de nuestra economía.

Y se debe hacer desde el conocimiento de nuestra realidad, sin falsas ideas preconcebidas. Porque cuando hablamos de nuestro problema de deuda debemos de saber que no es tanto su tamaño, que por cierto es en dos tercios privada, como su naturaleza.

Esta realidad la cuantifica acertadamente un reciente informe de la Comisión Europea que señala que el 75% del incremento de los ingresos fiscales entre 1995 y 2006 era de naturaleza transitoria y claramente vinculado a un insostenible boom del mercado inmobiliario.

Y es en este apartado donde se debe hacer un necesario ejercicio de autocrítica. Porque pese a haber sido el único Gobierno de la democracia que ha conseguido tres superávits presupuestarios, no se evaluó adecuadamente hasta qué punto nuestra economía estaba viviendo por encima de sus posibilidades.

La economía española se alimentó de una gran cantidad de crédito exterior que sirvió para inflar una burbuja inmobiliaria, que a su vez generaba abundantes ingresos para las arcas públicas de marcado carácter coyuntural.

Por tanto, debemos situar en el pinchazo de burbuja inmobiliaria la explicación a la mayor parte de nuestro déficit presente, y no en las políticas de estímulo del Gobierno.

Un déficit con un importante peso estructural que nos obliga a encontrar un nuevo equilibrio entre ingresos y gastos de las administraciones públicas.

Equilibrio que afrontaremos desde principios socialdemócratas, conscientes de que la mayor traición que podríamos a hacer al modelo social de mercado es dejarlo inalterado y esperar a que se hunda por su propio peso.

Sabemos que precisamente uno de los mayores éxitos de nuestro Estado de bienestar ha sido el aumento de la esperanza de vida. Y sabemos también que sobre ese éxito se esconde uno de sus mayores desafíos: la sostenibilidad del sistema de pensiones y del sistema sanitario.

Por eso no podemos ignorar el reto demográfico y es necesario abordar la reforma de nuestro sistema de pensiones contando con el consenso de los grupos políticos, al igual que se acordó con todas las Comunidades Autónomas un pacto para promover la sostenibilidad del sistema nacional de sanidad.

Pero todo intento de reforzar nuestro Estado de bienestar sería inútil si no se abordan las reformas necesarias para incrementar la competitividad de la economía. Reformas centrales como la del mercado de trabajo, sobre la que los grupos políticos tienen la oportunidad de señalar sus aportaciones en el trámite parlamentario, y reformas para acelerar la necesaria reestructuración de nuestro sistema financiero o la estrategia energética en los próximos 25 años.

Reformas que faciliten la vocación emprendedora, que premien el trabajo bien hecho, que fomenten la competencia. Reformas para que nuestro sistema de protección social sea sostenible y lograr un equilibrio más justo y eficiente entre la red de protección global, los servicios públicos y los incentivos individuales.

Este es el camino que se debe seguir, porque no nos consolamos con la explicación maniquea de que los mercados se imponen a los Estados. Pretender que lo que funcionó en el pasado pueda ser solución en el futuro, ignorando los cambios que operan en el mundo, solo puede conducir a la melancolía y la resignación.

La mejor forma de ganar la batalla a la injusticia social, al desempleo, al deterioro del medio ambiente, es acelerar el ritmo de las reformas.

Porque un progresista deja de serlo cuando deja de cuestionar sus propios dogmas, cuando abandona su voluntad reformista de la sociedad y cuando se limita solamente a defender las conquistas del pasado.

La primera ministra de Islandia se casa con una mujer Sigurdardottir estrena en su país la ley de matrimonio homosexual

Johanna Sigurdardottir.- REUTERS

EL PAÍS – Madrid – 02/07/2010

El mismo día en que entró en vigor en Islandia la nueva ley que reconoce el matrimonio homosexual, la primera ministra, Johanna Sigurdardottir, quiso festejarlo celebrando su propia boda. La mandataria y su pareja, la escritora Jonina Leosdottir, se casaron el domingo en una discreta ceremonia en Reikiavik y Sigurdardottir se convirtió, a sus 67 años, en la primera jefa de Gobierno del mundo en contraer matrimonio con una persona de su mismo sexo.

“Hoy me he beneficiado de esta nueva legislación”, declaró la primera ministra, divorciada y con hijos de una anterior relación heterosexual. Sigurdardottir quiso hacer coincidir las fechas con el Día Internacional del Orgullo Gay en un país con una fuerte tradición luterana. El obispo de la Iglesia Estatal Luterana de Islandia se opone a los matrimonios entre homosexuales y pidió al clero que no acate esta nueva ley.

Desde el ojo izquierdo de Pablo Iglesias.

Pablo Iglesias, fundador del partido y de la UGT, se convirtió el 10 de junio de 1910 en el primer diputado del PSOE en el Parlamento español. El Grupo Socialista conmemoró la efeméride, con un acto al que fuimos invitados los 1.550 parlamentarios que ha tenido el PSOE en estos cien años.

Estuvieron presentes dirigentes como Felipe González, Alfonso Guerra, Gregorio Peces Barba, y, por supuesto, el Presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Todos ellos destacaron en sus intervenciones los grandes valores que ha demostrado el grupo socialista en estos cien años de existencia: unidad, representatividad, poder al servicio del débil; el fuerte incremento de parlamentarios y parlamentarias que avalan una política acertada y solidaria; el creciente apoyo popular, en progresivo aumento hasta los once millones de votos actuales; nuestra lealtad a los votantes que confían en nosotros y en nuestra capacidad para defender los intereses de l conjunto de la sociedad española, para avanzar el progreso sostenible de nuestro país; la constante preocupación socialista por los débiles, esos mismos de los que la derecha se olvida en cuanto se termina la campaña electoral.

Fui invitada, yo también, en tanto Diputada a Cortes por Granada en las legislaturas del 1977; 1979; y 1986. Fue un acto entrañable, lleno de entusiasmo, de unidad y de ganas de superar este momento crítico del presente . En el gran poster de Pablo Iglesias que presidió el acto, yo estoy en el ojo izquierdo de Pablo Iglesias.

Homenaje a María Lejárraga

María Lejárraga-María Martínez Sierra

Homenaje a María Lejárraga
Intervención de María Izquierdo Rojo en el acto de entrega de los VIII premios de la Federación “María Lejárraga”.

María Lejárraga, FORMA PARTE DE ESE ESCASÍSIMO GRUPO DE MUJERES QUE HICIERON HISTORIA, CUANDO NO LES ESTABA PERMITIDO REALMENTE NINGUNA ACTIVIDAD PÚBLICA Y SOCIAL: Su vida abarca desde finales del siglo XIX hasta el comienzo de la transición democrática (1874-1974) .
María, conocida en política como María Lejárraga y en literatura como María Martinez Sierra, fue autora reconocida de gran calidad, tanto en el género ensayo y autobiografía, como en narración y teatro (estamos hablando deuna producción literaria de cerca de cien obras) ( cien años…cien obras…como tantas mujeres, una vida constante de trabajo y actividad ).
Republicana socialista, fue feminista, política, y diputada por Granada. Maestra, hablaba varios idiomas y estaba frecuentemente en Niza; viaja y conoce Francia, Inglaterra, Alemania; vive mas de un año en Bélgica.
Ya entonces las mujeres socialistas pedían la equiparación del hombre y la mujer, en derechos como en deberes, se debía legislar el divorcio y conceder el voto a la mujer. MaríaLejárraga y Clara Campoamor estaban en el mismo camino, en la misma posición, por el voto de las mujeres.
Electa Diputada por Granada en 1933 por el Partido Socialista, al estallar la Guerra Civil, debió exiliarse.
Su ya entonces ex- esposo, Gregorio Martinez Sierra, murió en 1947 y María Martinez Sierra, (que siempre había desempeñado el papel de “la escritura o la escritora” en aquella denominada “colaboración literaria” volvió a su labor creativa escribiendo libros, traduciendo a grandes autores y apoyando en sus conferencias la causa femenina y republicana; realmente, en aquella “colaboración” que ambos habían iniciado ya de novios, Gregorio era mas que nada, el realizador y director teatral, así como el animador cultural y el relaciones públicas. María, después de su muerte, continuó pues como siempre su actividad literaria. Viajó a México y más tarde a Argentina, donde. Vivió 24 años en Argentina y murió en Buenos Aires en 1974, pocos meses antes de cumplir cien años

Yo, María Izquierdo, – que no llegué a conocerla personalmente -, me encontré con ella, en los mítines de la primera campaña electoral de la democracia, en junio de 1977:
Cuando terminaba el mitin casi siempre se me acercaban compañeras y compañeros socialistas que (frecuentemente con lágrimas en los ojos) me recordaban que también allí, a aquella plaza había ido ella, en la República. Era mencionada y considerada con gran estima. Así, hasta hoy: puedo aseguraros que la memoria de María Lejárra aún continuaba viva en Granada.
Ahora desde mi tarea actual de profesora de Universidad, he tenido ocasión de leer y analizar la valiosa obra de María Martínez Sierra. Una mujer extraordinaria. Una gran intelectual de su tiempo. Una persona a la que le importaba mucho mas HACER, que FIGURAR.
Alguna incomprensión a su personalidad, surge del hecho de ser una persona discreta. Algo que en determinados círculos hoy día no está de moda. No obstante, si analizamos la vida de muchos grandes intelectuales y científicos, premios nóbel y máximas figuras de las artes, sí encontramos numerosos precedentes de personas a las que les gusta más el retiro y la intimidad, que la notoriedad espectácular. María, era una de ellas y nos confiesa directamente, en su obra que le incomodan ese tipo de actitudes: “La exhibición personal me molesta” ; prefería con frecuencia pasar desapercibida: Así en las Cortes, al ser entrevistada por un periodisa, le indica que “procure omitir su nombre en aquellas páginas de crónica que se dispone a publicar”.
Fué apreciada y querida con entrañable amistad por Juan Ramón Jimenez, seleccionada por Fernándo de los Ríos para ser Diputada, autora de los libretos de Amor brujo y El sombrero de tres picos de Falla. Premio de la Real Academia, por Canción de cuna, llevada al cine por Jose Luis Garci, en 1993.
En esta sociedad en la que el malentendido es tan frecuente, María Martínez Sierra ha sido y es, con frecuencia, malinterpretada. Malentendidos creados, en parte, por su desprendida generosidad, y en parte, por cierto provincianismo y falta de rigor, de quienes comentan superficialmente lo que fue su vida, su obra y su personalidad, sin profundizar en la lectura y calidad de sus ensayos, en el rigor de sus tesis feministas, en su cosmopolitismo y en la tradicional costumbre internacional de que las mujeres adopten profesionalmente el apellido del coyuge, como hace, hoy día, Hilary Clinton; como han hecho tantísimas congéneres que en el mundo han sido.

Hoy, desde Granada, desde este Fuentevaqueros del alma, en este entrañable acto del 27 de mayo del 2010, en el que recibo el premio que lleva tu nombre; en nombre propio y en el de esta numerosa Federación de Asociaciones de Mujeres María Lejárraga, te rendimos nuestro mas ferviente y merecido homenaje.
EN NUESTRO NOMBRE Y EN EL DE TANTAS GRANADINAS Y GRANADINOS EN LOS QUE LA MEMORIA y la estima DE, MARIA LEJARRAGA-MARIA MARTINEZ SIERRA, PERDURA.

MUCHAS GRACIAS POR ESTA DISTINCIÓN.

María Izquierdo Rojo
Diputada Constituyente

 Equilibrio económico, social y medioambiental

El informe de “los sabios europeos” concluye que Europa no puede prescindir de la energía nuclear, debe dar entrada a Turquía, renunciar a las jubilaciones anticipadas, cambiar la política migratoria para potenciar la inmigración cualificada, impulsar de forma decisiva la investigación científica y tecnológica…Las reformas tienen que ser urgentes y profundas.

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Paro y libertad de expresión

Censura incorporada de muy buenas maneras

Han cambiado muchas cosas, pero en lo que a libertad de expresión se refiere,  el fondo de la cuestión permanece igual o peor: La censura ya no es directa, ya no hay instituciones inquisitoriales, ni censores designados al efecto, ni estados de excepción pero de ahí a pensar que funcione de hecho el pluralismo democrático o el ejercicio de la libertad, eso ya sería muy difícil de admitir. Hoy día  los poderes, los condicionamientos y las presiones directas e indirectas adquieren tal dimensión que al individuo le resulta poco menos que ilusorio o  irrisorio plantearse lo de la libertad de expresión, como no sea en plan celebración o de fuegos artificiales .

De hecho ahora la cosa es mucho mas sutil, mas pulimentada, mas hipócrita  y con mucha mejor apariencia, porque  todo el componente vergonzoso que tenía la inquisitorial hispana ha quedado perfectamente camuflado y apenas se nota. Sí,  de hecho basta con tener las colas del paro bien rebosantes, tal como están y todo lo demás viene por añadidura. Son las  libertades cercenadas. Bastará con ejercer adecuadamente los habituales mecanismos de selección y promoción pertinentes, para que el joven y el adulto, las mujeres y los hombres  puedan quedar “trincaos” simplemente por ejercer su derecho al trabajo. Ya no hace falta violentarse públicamente expresando su adhesión inquebrantable a nadie,  ahora, dadas las inadmisibles cifras de desempleo,  en el mismo paquete de la simple promesa de un hipotético empleo, ya se sabe que entra todo lo demás: un buen número de libertades cercenadas y entre ellas, por supuesto, la libertad de expresión.

Andalucía contra la crisis

El Presidente Griñán
El Presidente Griñán

” Vamos a dirigir toda la política a que el modelo productivo se oriente hacia mayor calidad, más innovación, más formación, y por lo tanto hacer un modelo productivo que no se sostenga solamente en la construcción, sino que lo haga en todos los sectores que tradicionalmente ha tenido Andalucía, más los nuevos. Pero siempre con una mayor capacidad de innovación. Segundo, no vamos a dar subvenciones, sino préstamos y avales. Vamos a ayudar al que se arriesga. Y tercero, vamos a situar la educación como el centro de todas las batallas para hacer que efectivamente educación más igualdad de oportunidades sea lo que determinen la economía del futuro”.
El Presidente de la Junta de Andalucía JOSE ANTONIO GRIÑÁN en la entrevista de JOSÉ ANTONIO CARRIZOSA en Granada Hoy, 25.04.2010

Griñán: “El alma de los socialistas es la libertad y nuestra patria es la igualdad”

El secretario general del PSOE de Andalucía, José Antonio Griñán, ha abogado por “la libertad como alma del socialismo y la igualdad como su patria” durante la clausura del Congreso Extraordinario Provincial del PSOE de Granada, en la que ha insistido “en el cambio para el futuro de Andalucía”, con “pactos, no con enfrentamientos y divisiones” como hace Arenas y el Partido Popular.

Griñán ha manifestado que “los socialistas tenemos en la libertad el oxígeno que respiramos, es nuestra alma, y sin ella no somos nada y nuestra patria es la igualdad”, mientras que “la derecha ha convertido la crisis en una baza electoral y nunca van a ofrecer soluciones”.

“Nosotros hemos ofrecido pactos con los sindicatos y los empresarios, mientras que la derecha se alía con la crisis para luchar contra el Gobierno”, ha recalcado el número uno de los socialistas andaluces, que ha apuntado que “el conocimiento y la igualdad son los que producen el cambio y el camino sólo es uno: educación más igualdad de oportunidades”.

“Hemos sido el partido de las reformas siempre con la oposición de la derecha y el partido que va a cambiar el modelo económico”, ha comentado Griñán, que ha agregado que “hay que transmitir confianza y la frontera del cambio co mo hace 30 años cuando el pueblo andaluz conquistó la autonomía y no sabía la meta que conquistaba, aunque se sentía protagonista”.

Ha lanzado un mensaje al PP sobre corrupción: “Le vamos a medir con su propia vara de medir, la corrupción se conoce porque existe la política y la democracia”. Y ha lamentado que “Arenas haya enfrentado a Málaga con toda Andalucía, que debe ser la suma y la multiplicación, no la resta y la división.

Relevo y cambio, en positivo

Iniciamos una nueva etapa, un nuevo proceso de mejora del partido provincial de Granada que viene inducido por el Congreso Regional del PSOE recientemente celebrado: Pepe Griñán, a la cabeza de la organización y su nuevo equipo paritario, inician así un proceso de cambio y mejora de la organización que va a tener repercusiones en el conjunto de Andalucía y que vienen demandando manifiestamente en los últimos meses, la sociedad en su conjunto y nuestros votantes y simpatizantes,
En mi opinión debemos hacer un cambio, en positivo: con serenidad y confianza; con el brillo que merece el reconocimiento de la anterior etapa de Manuel Chaves; con un nuevo impulso, ilusionante para el futuro que confronte la depresión colectiva de la crisis; para el provincial de Granada, contamos con una buena candidata como es Teresa Jimenez. ¡ Enhorabuena a Teresa por su candidatura! ¡ Enhorabuena a todos nosotros porque, en Teresa Jimenez, tenemos una buena candidata!
Para este nueva etapa de cambio y mejora de la organización, me gustaría señalar dos aspectos fundamentales a mejorar: 1) No acumulemos en una misma persona tantos cargos orgánicos y públicos, sería mejor distribuir mas las responsabilidades; 2) fomentemos el pluralismo interno, porque sin pluralismo no hay democracia. Pluralismo es contraposición de opciones y ello, en organizaciones que ya tienen mayoría de edad, como la nuestra es enriquecedor; no castiguemos la crítica constructiva y desconfiemos del halago sistemático y de tanto discurso autolaudatorio.

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